Pataletas y desregulación emocional: ¿Qué nos están intentando decir los niños?

Comprender por qué ocurren puede transformar uno de los momentos más desafiantes de la crianza
en una oportunidad genuina de conexión y aprendizaje.
Recientemente, especialistas de Clínica Alemana abordaron un tema que forma parte de la vida
cotidiana de muchas familias: las pataletas y la desregulación emocional. A partir de sus reflexiones,
queremos compartir algunas ideas que pueden ayudarnos a comprender mejor lo que ocurre detrás
de estas intensas reacciones emocionales y cómo podemos acompañar a nuestros hijos de una
manera más efectiva y respetuosa.
Quienes criamos niños pequeños sabemos que las pataletas y las desregulaciones emocionales
forman parte de la vida cotidiana. A veces ocurren en momentos esperados, pero otras veces
aparecen de forma intensa y nos dejan preguntándonos qué hacer, cómo reaccionar o si estamos
respondiendo de la mejor manera posible.
Uno de los principales mensajes de la charla fue que las pataletas son una parte normal del
desarrollo infantil. Habitualmente aparecen con mayor frecuencia entre los 2 y los 4 años,
especialmente alrededor de los 3 años y medio, etapa en la que los niños experimentan emociones
muy intensas, pero aún no cuentan con las herramientas necesarias para expresarlas, comprenderlas
o regularlas por sí solos.
Detrás de una pataleta hay algo más que rabia
Muchas veces tendemos a pensar que una pataleta es simplemente un intento de conseguir algo o
desafiar a los adultos. Sin embargo, los especialistas plantean una mirada distinta y profundamente
interesante: detrás de una pataleta suele existir una búsqueda de seguridad.
Cuando un niño insiste, protesta o desafía un límite, muchas veces no está intentando que el adulto
pierda el control. Está intentando comprobar si ese límite realmente existe y si puede confiar en él.
Los niños necesitan saber que los adultos son capaces de sostener las normas con calma y
consistencia. Esa firmeza les entrega seguridad emocional y les permite comprender cómo funciona
el mundo que los rodea.
¿Por qué muchas veces ocurre más en casa que en el colegio?
Los especialistas explicaron que los niños suelen mostrar sus emociones más intensas en aquellos
espacios donde se sienten más seguros emocionalmente. Durante la jornada escolar realizan un gran
esfuerzo de autorregulación: siguen rutinas, respetan normas, esperan turnos y observan
constantemente a sus compañeros.
Al llegar a casa, donde existe un vínculo de apego más estrecho, muchas veces liberan toda la tensión
acumulada durante el día.
Esto puede ayudarnos también a comprender a aquellas familias que observan conductas muy
diferentes entre el colegio y la casa. No necesariamente significa que algo esté mal; muchas veces
refleja simplemente contextos y niveles distintos de exigencia emocional.
La regulación comienza por el adulto
Probablemente uno de los mensajes más importantes para las familias.
Cuando un niño se desregula, nuestro impulso suele ser intervenir inmediatamente, corregir o buscar
una solución rápida. Sin embargo, la evidencia muestra que los niños aprenden a regularse
principalmente a través de la regulación de los adultos que los acompañan.
Antes de intervenir, es importante preguntarnos: ¿Cómo estoy yo emocionalmente en este
momento? ¿Estoy reaccionando o respondiendo? ¿Puedo transmitir calma y seguridad?
Los niños observan permanentemente cómo manejamos nuestras propias emociones. Nuestra
respuesta se convierte en un modelo para ellos.
Validar no significa permitir
Otro concepto que suele generar confusión es la validación emocional. Validar no significa ceder ante
una conducta inapropiada ni eliminar los límites. Validar significa reconocer la emoción que está
detrás de la conducta.
Por ejemplo, podemos decir: «Veo que estás muy enojado porque terminó el juego» o «Entiendo que
te da mucha rabia no poder seguir haciendo eso». El límite puede mantenerse exactamente igual,
pero el niño recibe el mensaje de que su emoción fue vista, comprendida y aceptada.
Cuando los niños se sienten comprendidos, les resulta más fácil aprender a reconocer y expresar
aquello que sienten.
Cuando la desregulación ocurre fuera de casa
Una situación que suele resultar especialmente desafiante para las familias es cuando una pataleta
ocurre en un lugar público. El cansancio, la presión social o la sensación de estar siendo observados
pueden hacer que reaccionemos de manera diferente a como lo haríamos en casa.
La charla enfatizó la importancia de evitar respuestas que puedan aumentar la intensidad emocional
del niño, tales como ridiculizarlo, exponerlo frente a otros, utilizar amenazas, compararlo con otros
niños o etiquetar su conducta.
En cambio, se recomienda ofrecer contención, mantener límites claros y acompañar desde una
postura calmada y firme.
Muchas veces nuestra presencia tranquila es más efectiva que largas explicaciones durante el
momento de crisis.
Cada niño es diferente
Un aspecto especialmente interesante fue la explicación respecto a las diferencias individuales.
Algunos niños presentan una sensibilidad sensorial más alta y pueden sentirse sobrepasados por
ruidos, movimientos o estímulos que para otros pasan desapercibidos. Otros niños necesitan una
mayor estimulación corporal para sentirse contenidos o regularse.
Por esta razón, estrategias que funcionan muy bien con un niño pueden no funcionar con otro.
Conocer profundamente a cada hijo sigue siendo una de las herramientas más valiosas para
acompañar sus procesos emocionales.
Algunas ideas para llevarnos a casa
● Las pataletas no son necesariamente una señal de mala conducta.
● Detrás de la conducta suele existir una necesidad emocional.
● Los límites claros entregan seguridad.
● La regulación emocional comienza por los adultos.
● Validar emociones no significa eliminar consecuencias.
● La coherencia entre los adultos es fundamental.
● Cada niño requiere una mirada individualizada.
● La relación y el vínculo siguen siendo la principal herramienta educativa.
Quizás el mensaje más importante de toda la charla es que las pataletas no son solamente
momentos difíciles que debemos «controlar». Son también oportunidades para enseñar, acompañar
y fortalecer el desarrollo emocional de los niños.
Cuando logramos mirar más allá de la conducta y preguntarnos qué necesita ese niño en ese
momento, comenzamos a transformar la crisis en una instancia de aprendizaje y crecimiento.
Psicóloga Preschool
Orchard College
Junio 2026