
Estimados/as,
Junto con saludar, comparto a continuación una síntesis del contenido abordado en el taller de alfabetización digital, el cual invita a reflexionar sobre los desafíos actuales que enfrentan nuestros estudiantes en el contexto del mundo digital, así como también sobre el rol que tenemos como comunidad educativa.
En primer lugar, es importante comprender el escenario actual. En los últimos años se ha evidenciado un aumento significativo en problemáticas de salud mental en niños y adolescentes, tales como ansiedad, depresión y sensación de soledad. Esto resulta especialmente relevante si consideramos que vivimos en una generación altamente conectada. Sin embargo, a partir del año 2010, con la masificación de los smartphones y redes sociales, se produjo un cambio significativo en la forma en que los jóvenes se relacionan, disminuyendo la interacción presencial y aumentando la comparación social, la validación externa y el individualismo.
Este fenómeno ha impactado directamente en la construcción de identidad de los estudiantes, quienes muchas veces basan su valor personal en la aprobación de otros (likes, seguidores), debilitando su autoestima. A esto se suma el desarrollo de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, que abre interrogantes relevantes respecto al futuro de las relaciones humanas, considerando incluso la posibilidad de vínculos mediados o reemplazados por tecnología.
En este contexto, se plantea que el desafío no es eliminar la tecnología, sino aprender a integrarla de manera consciente. Para ello, se proponen tres ejes fundamentales de trabajo:
1. Educación Digital
La educación digital tiene como objetivo principal maximizar los beneficios del mundo online y disminuir sus riesgos, promoviendo en los estudiantes un uso consciente, crítico y equilibrado de la tecnología.
Un aspecto clave es comprender que conductas como el uso excesivo de videojuegos o redes sociales no surgen de manera aislada, sino que responden a necesidades psicológicas reales no satisfechas, tales como el logro, la pertenencia, la exploración, la adrenalina o el escape emocional.
En este sentido, el problema no radica en el videojuego en sí, sino en la falta de propósito o de alternativas significativas en la vida real. Cuando estas necesidades no están cubiertas, los estudiantes tienden a reemplazar lo real por lo virtual.
Asimismo, el uso excesivo de pantallas puede generar efectos negativos importantes, especialmente a nivel neurobiológico. Estudios han evidenciado que un uso prolongado puede afectar la corteza prefrontal, disminuyendo la capacidad de autorregulación, aumentando la impulsividad y generando una mayor dependencia al sistema de recompensa (dopamina), lo que dificulta el control de impulsos y la tolerancia a la frustración.
Frente a esto, la educación digital implica:
● Favorecer el autoconocimiento, ayudando a los estudiantes a identificar qué necesidad están intentando satisfacer en el mundo digital.
● Promover alternativas reales y significativas que respondan a esas necesidades (deporte, arte, vínculos, actividades con sentido).
● Trabajar en la reeducación del sistema de recompensa, fomentando micro-logros, reduciendo la inmediatez y fortaleciendo la capacidad de autorregulación.
Sin educación digital, las regulaciones o restricciones resultan insuficientes para abordar este fenómeno de manera efectiva.
2. Liderazgo
El segundo eje corresponde al desarrollo del liderazgo en los estudiantes, entendido como la capacidad de influir positivamente en otros y asumir un rol activo dentro de su comunidad.
En el contexto actual, se vuelve fundamental que los jóvenes no sean solo receptores de normas, sino protagonistas del cambio. La evidencia muestra que los mensajes entre pares tienen un alto impacto, por lo que formar estudiantes con habilidades de liderazgo permite generar transformaciones más significativas y sostenibles.
Promover el liderazgo implica:
● Fomentar la responsabilidad personal y social.
● Desarrollar el sentido de propósito.
● Generar instancias donde los estudiantes puedan participar activamente y sentirse agentes de cambio.
Asimismo, se plantea la necesidad de complementar el modelo educativo tradicional, avanzando hacia una formación que no solo entregue contenidos, sino que prepare a los estudiantes para impactar positivamente en su entorno.
3. Bienestar y desarrollo integral
El tercer eje corresponde al bienestar, entendido como un proceso integral que abarca dimensiones emocionales, sociales y de sentido personal, y que resulta fundamental para el desarrollo de los estudiantes.
Para su comprensión, se pueden considerar modelos como la jerarquía de necesidades, que plantea que las personas requieren satisfacer progresivamente necesidades fisiológicas, de seguridad, sociales, de reconocimiento y, finalmente, de autorrealización. Cuando estas necesidades no están cubiertas, los estudiantes tienden a buscar formas alternativas de satisfacción, muchas veces en el mundo digital.
En esta misma línea, el modelo PERMA aporta una mirada actual del bienestar, proponiendo cinco dimensiones fundamentales: P (Positive Emotions) o emociones positivas; E (Engagement) o compromiso; R (Relationships) o relaciones; M (Meaning) o sentido; y A (Accomplishment) o logro.
Estas dimensiones permiten comprender el bienestar de manera más completa y orientan el trabajo educativo hacia el desarrollo integral de los estudiantes.
La tecnología, cuando no es utilizada de manera consciente, puede interferir en estas áreas, especialmente en las relaciones, el sentido y la capacidad de experimentar logros reales. Por ello, resulta fundamental que los estudiantes desarrollen conciencia sobre su propio bienestar y aprendan a identificar qué aspectos de su vida requieren mayor fortalecimiento.
En este marco, se releva el rol insustituible del colegio y de los docentes. En un contexto donde muchas funciones pueden ser reemplazadas por la tecnología, el vínculo, las relaciones humanas y la formación emocional adquieren aún mayor relevancia. Esto representa una oportunidad para fortalecer nuestro rol formativo desde lo humano.
Asimismo, se destaca la importancia de generar una línea formativa coherente como comunidad educativa, basada en un discurso común y consistente. La repetición de ideas clave, el trabajo articulado y la claridad en los mensajes permiten generar mayor impacto en los estudiantes y favorecer cambios sostenibles en el tiempo.
En síntesis, el desafío actual no es únicamente tecnológico, sino profundamente humano. Nuestros estudiantes buscan en el mundo digital aquello que muchas veces no encuentran en la realidad. Por lo tanto, nuestro rol como comunidad educativa es acompañarlos en la comprensión de sus necesidades, fortalecer su identidad y propósito, y ofrecer experiencias significativas que favorezcan su desarrollo integral.
